Una nueva y necesaria manera de cuidarnos

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Redaccion . Publicado en OPINION 158 Sin comentarios

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Investigaciones de la UNLP determinaron que existen porcentajes alarmantes de sustancias químicas entre los vegetales • Cerca de la ciudad un polo de producción agroecológica demuestra que es posible consumir otros productos.

(Por Laura Deriú (*) Los alimentos orgánicos son los que en ninguna etapa de su producción intervienen ni transgénicos (OGMs), ni fertilizantes, herbicidas o pesticidas químicos de efectos perjudiciales para nuestra salud. Así como tampoco en los suelos donde son cultivados.

La producción agroecológica es, sin dudas, una alternativa cada vez más posible y necesaria en un contexto de desastres ambientales, cambio climático y alimentos, tierras y ríos contaminados con agrotóxicos de todo tipo.

Lo que nadie nos dice

Bajo el título “Plaguicidas : los condimentos no declarados”, una investigación realizada por el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental (EMISA) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), determinó que una muestra de 60 frutas y verduras analizadas entre noviembre de 2014 y abril de 2015 presentaban porcentajes alarmantes de sustancias químicas nocivas para la salud. El mismo espacio de investigación reveló también que los algodones transgénicos que se producen en el país están contaminados con Glifosato o su metabolito. Esto incluye gasas, tampones y toallitas femeninas de uso habitual (e intravaginal). El glifosato es un herbicida que ha sido catalogado como potencialmente cancerígeno por la OMS (Organización mundial de la Salud).

Científicos del CONICET en un arduo trabajo junto a Prefectura Naval, lo han hallado asimismo en las cuencas de los ríos, como el Paraná, y en 23 arroyos analizados. Poniendo en serio riesgo la vida de ese y otros ecosistemas, resultados que fueron publicados en la revista de ciencia “Enviromental Monitoring ad Assessment”.

Como si esto fuera poco, en nuestra vecina Chivilcoy los doctores Ignacio Ledesma y Lucía Fabiano -encargados de las áreas Hematológica y Oncológica respectivamente- presentaron un proyecto de ampliación de la sala de Quimioterapia en virtud de haberse triplicado la cantidad de enfermos y por ende de tratamientos oncológicos en el Hospital Municipal de esa ciudad ya que de 30 pacientes mensuales que asistían a ese servicio la cifra creció a 100.¿Casualidad?.

Dos polos productivos orgánicos

La UTT es la Unión de Trabajadores de la Tierra, una organización que surge hace algunos años para protegerse de los abusos que sufren los productores hortícolas mayoritariamente pertenecientes a la laboriosa comunidad boliviana y sin quienes los argentinos no tendríamos qué comer.

Su sacrificio nunca es tenido en cuenta cuando se habla del “campo”, que parece representar solo intereses agroganaderos. Los altos costos de alquiler de tierras para producir hortalizas y en las que ni siquiera se les permite construir una vivienda digna (solo de chapa o madera) fueron motivos para que salieran a reclamar por sus derechos y a pedir créditos blandos para adquirir parcelas en un país en el que falta gente y sobra tierra. El primer acampe de protesta lo realizaron en el Parque Pereyra Iraola de La Plata, según contó Miguel Reyes, integrante de la asociación

A fines del 2015 se afincan en las tierras del ex instituto Ramayon en Jáuregui (partido de Luján) tras lograr la firma de un comodato por diez años con el Ministerio de agricultura para la producción orgánica o agroecológica.

A macheta y pala transforman esas tierras en un vergel de alimentos saludables al alcance de todos, conformando la “Asociación 20 de abril Darío Santillan” y ofreciendo sus productos en la ex plaza vieja basílica de la calle Barnech y Moreno en la ciudad de la Fe. Bolsones de hortalizas recién cosechadas -que también han llegado a nuestra ciudad por distintos medios- a las que pueden accederse por compra directa en el ex Ramayón los miércoles todo el día, y los sábados a partir de las 16 horas.

A pura vida

Varias familias se afincaron en esas tierras. Y algunas jóvenes estudian en la Universidad de Luján.

Alejandro Lubatti comenzó hace dos años y medio cuando su mujer Ayelén quedó embarazada de Emilia. “En ese momento pensamos en un futuro de vida diferente para criar a nuestra hija, donde estuviéramos tranquilos y en contacto directo con la naturaleza. El desafío fue grande pero con mucho esfuerzo logramos venir a vivir al campo a la semana de que Emilia nació. A fines de 2015 surge la idea de armar una huerta orgánica. Sembramos de manera tardía, asociando cultivos en una hectárea de zapallitos, zucchinis, choclos y chauchas. A pesar de la falta de lluvia y regando con mangueras, al mes nos estábamos volviendo locos con las cantidades de vegetales que explotaban de la tierra. No teníamos a quién venderle, tampoco encontrábamos quién nos ayude a cosechar y terminamos entregando las verduras en el mercado central, donde por supuesto que daba igual si era orgánico o no y hasta lo tomaban como de segunda porque estaba comido por bichos”, cuenta Alejandro mientras toma mate con yerba orgánica en inmediaciones de su huerta

“A partir de eso disminuyó el espacio de huerta a 2000 metros, sembrando en bancales con riego por goteo la mayor cantidad de verduras posible. El esfuerzo es muy grande, pero por suerte apareció Joaquín, un horticultor que nos ayudó a hacer limpieza y ordenar la huerta para poder hoy estar ofreciendo el cajoncito retornable con entrega a domicilio y con 7/8 variedades de verduras de estación recién cosechadas y libres de venenos que nos encargan a través de la página de FB :Pura Vida Huerta Orgánica”, precisa Alejandro quien agrega: “Pienso que tenemos derecho a consumir alimentos sanos, a saber cómo se producen y que el acceso sea para todos, no solo para unos pocos. Ojala seamos cada vez más los que optemos por un modo de vida donde podamos hacer algo positivo, que nos gusta, en armonía con la naturaleza y lejos de la ciudad y empecemos a levantarnos en contra de quienes para tener más plata generan enfermedad y muerte.”

Su proyecto futuro es hacer un restaurante de campo con ofertas de platos elaborados con ingredientes orgánicos también lo que constituiría el primer emprendimiento de ese tipo.

El consumo no es un acto inocente: puede cambiar el mundo. En tanto y en cuanto sea responsable y consciente. Hagamos la prueba y veremos los resultados.

(*) Veterinaria y docente. Fue concejal de PS y FrePaSo.

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