Meses atrás se elogió la actitud del Ejecutivo de presentar –dos semanas después de concluido el evento- la rendición de cuentas de la Fiesta Nacional del Salame.
Ahora se debe llamar la atención que a poco más de dos meses de concluida la Fiesta Nacional del Durazno no se sabe cuál fue su resultado económico financiero.
Este detalle es –tal vez- el punto más flaco de la administración comunal y de casi todas las administraciones: una carencia de controles férreos que obliguen a cumplir los objetivos.
No se sabe con certeza si no se hicieron los números o se hicieron, y como el resultado no fue el esperado, se escondieron a la espera de que el olvido los sepulte. Lo cierto es que no se difundieron.
Se especula con que los números no fueron beneficiosos para la gestión y desde el entorno del intendente creen que solamente hay que dar noticias positivas. En ese sentido el superávit del Salame lo era. Pero ojo: no se pueden medir todas las acciones de gobierno con la misma vara.
La Fiesta Nacional del Salame hoy arroja un gran superávit –que seguramente puede seguir creciendo- porque durante mucho tiempo soportó pérdidas o –al menos- ausencia de ganancias.
En este mismo sentido hay que destacar la ausencia de convocatoria que desde su retorno tiene la Fiesta del Durazno. Y si bien han existido picos importantes, ello ha sido gracias a los aciertos en los números musicales. Pero no en el sentido estricto de lo que significa el durazno.
La ausencia de rendiciones demuestra una postura necia de muchos gobiernos: olvidar que las arcas estatales son públicas y que –por ende- todos los ciudadanos tienen derecho a saber cuánto se perdió y por qué. Y si existiera superávit de cuánto se trata y adonde se destina.
En las democracias más desarrolladas se buscan permanentes mecanismos de participación ciudadana. Es que así el gobierno adquiere un doble respaldo: el que le otorga el pueblo en las urnas, y el que le brinda al acompañar una decisión política.
Para que exista una mayor participación ciudadana se requiere de dos elementos: la voluntad política de quien ejerce el poder y difusión de información pública que no sea sensible. Sin conocimiento la ciudadanía poco se puede interesar.
La difusión de aquel balance como un hecho más de la administración fue un balance notorio en la gestión del intendente. Como si fuese un juego de mesa, la ausencia de este lo hace retroceder –en términos de difusión- varios casilleros.
En rigor de la verdad, en tanto este tipo de cuestiones sean custodiadas como secreto de estado, la sociedad seguirá mirando con desconfianza a la dirigencia política porque ¿qué hay para esconder?, se debe preguntar.
La confianza del contribuyente en la administración hay que cuidarla. Por ello –como si fuese una planta- es necesario regarla a diario. Y difundiendo el resultado económico de estos eventos en los que se maneja mucho dinero, es una buena forma de hacerlo.







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