Para revertir la inseguridad, hace falta fortalecer los lazos sociales. Y también los controles, aunque se parezcan a libertad limitada. Hace falta recuperar ciertas disciplinas que esta sociedad ahogada en libertad ha perdido.
Hay motivos fundados para que se dificulte en estos tiempos revertir la situación de la inseguridad. Podemos inmediatamente pensar en los problemas económicos, laborales, educacionales, etc. Hay múltiples medidas a tomar en cuenta para su práctica inmediata, pero los resultados son en general demasiado mediatos.
Más allá de estas verdades, debemos mantener el norte bien claro: hay que fortalecer la prevención, preocuparse por atender y mejorar la cultura de la gente, y esto tiene que ver con la educación y las buenas tradiciones. Educadamente hay que recuperar diversas buenas costumbres que por culpa de prioridades consumistas se han perdido: por ejemplo, el núcleo familiar. Si hay papis y mamis, debemos definir los hogares como lugares de encuentro con hijos, nietos, yernos, nueras, primos, etc. Creo que nos hemos olvidado de darle el valor que corresponde a la unión y el afecto de la familia, la importancia de contar con los viejos, los hijos y los amigos para afrontar los inevitables inconvenientes de nuestra cotidianeidad. Prevenir, en este sentido, es estar al tanto de lo que acontece con mi entorno familiar y social. Compartir y colaborar es muy preventivo: si uno intenta hablar, se aleja de pelear; si uno colabora con el otro, no hay envidia, y cuando no hay envidia no se margina.
En lo personal, considero que desarrollar todo lo que atañe a una mejor prevención, implica insistencia y perseverancia, organización, esfuerzo y mucha constancia.
Un ejemplo: hay que diseñar una conveniente cadena de información para definir estadísticas. ¿De qué manera? A partir de los barrios, con las sociedades de fomento comprometidas se deben revelar posibles inconvenientes de los individuos componentes de la barriada: gente sin trabajo, estudiantes que no concurren a clase, problemas familiares, posibles focos de drogadicción, de alcoholismo, de delitos. La actitud acertada de un organismo como sociedad de fomento se verá en las buenas intenciones de ayudar, solidarizarse con los convencinos que tienen inconvenientes, no con una actitud chusma o criticona sino solidaria.
Desde esta acción se abre un abanico de actividades: interrelación con la comuna, con entidades educativas, con otras instituciones que desde su función ayuden con la búsqueda de alternativas.
Si se tienen estadísticas, en un determinado lapso de tiempo se pueden verificar logros de empeoramiento o mejoramiento de la situación.
Todo esto es desarrollo de prevención.
Si en una esquina se juntan chicos, está bien: puede ser una buena noticia porque hace al fortalecimiento de lazos amistosos. Ahora, si los chicos en la esquina no reflejan más que preocupación y son escenario de anécdotas desagradables, es bueno persuadir de la manera más conveniente. Ir sobre los padres para plantear preocupaciones, iluminar convenientemente, controlar consumos, horarios, etc.
Esto de prevenir controlando suele ser mal visto por quienes tienen un concepto de libertad amplio. Nadie está en contra de la libertad, pero debemos aceptar que la realidad nos demuestra que muchas veces no estamos preparados para sostener toda la libertad posible sin salir duramente lastimados. Seguramente no estamos preparados porque hay mucho conflicto social que equilibrar, pero ello no va a pasar de un día para otro.
La realidad requiere hoy por hoy (ojalá que esto cambie pronto) tener esos tipos de controles, aunque se parezcan a libertad limitada. La buena intención es lo que vale. Se necesita un poco de sinceramiento con ciertas disciplinas que esta sociedad ahogada en libertad ha perdido.
Marcelo Zárate






